El 17 de marzo de 1986 salió Candy Apple Grey, quinto álbum de Hüsker Dü. Hoy cumple 40 años.
Para ese momento Hüsker Dü ya venía de varios años moviéndose dentro del hardcore más veloz y abrasivo desde Minneapolis, lejos de los centros tradicionales de la industria musical. Bob Mould en guitarra y voz, Grant Hart en batería y voz, y Greg Norton en bajo, habían construido su identidad en discos editados por SST Records, el sello independiente de Greg Ginn, uno de los epicentros del hardcore estadounidense.
Pero a mediados de los 80 empezó a pasar algo que cambiaría la relación entre el underground y las grandes discográficas.
Las compañías grandes comenzaron a mirar hacia abajo, hacia los subsuelos del circuito independiente, donde estaban ocurriendo cosas que ya no podían ignorar. Bandas que venían del hardcore, del noise y de escenas locales empezaban a generar un sonido nuevo, más amplio, más emocional, y las majors quisieron participar de ese movimiento.
Candy Apple Grey es uno de los primeros momentos claros de ese cruce.
La banda dejó el circuito donde había crecido y firmó con Warner Bros. En ese momento, dentro de la escena hardcore, eso era visto con mucha desconfianza. La ética independiente era fuerte, y pasar a una major parecía, para algunos, una ruptura.
Pero lo que hace interesante al disco es que el cambio industrial no vino acompañado de una domesticación del sonido.
El disco sigue siendo áspero, intenso, incluso incómodo en algunos momentos. Lo que cambia es otra cosa: la música empieza a abrirse emocionalmente. Aparecen canciones más vulnerables, momentos acústicos y una tensión distinta, menos ligada a la velocidad y más a lo que estaba pasando dentro de las canciones.
La grabación se hizo entre 1985 y comienzos de 1986 en Nicollet Studios, en Minneapolis, todavía en la ciudad donde la banda había crecido. Ese detalle también tiene algo simbólico: una banda del underground grabando en su entorno habitual, pero ya conectada con una estructura industrial mucho más grande.
Cuando salió el disco, la reacción fue ambigua. Parte de la escena hardcore lo miró con desconfianza: el cambio de sello generaba ruido y las nuevas canciones sorprendían a quienes esperaban solamente furia y velocidad. Pero con el tiempo pasó lo contrario. Ese cruce entre distorsión intensa y sensibilidad melódica terminó influyendo mucho en lo que vino después. Sobre todo en el desarrollo del noise pop, el post hardcore, el college rock que se expandió en esa época, en muchas bandas indie de guitarras de fines de los 80 y principios de los 90, y también en el emo temprano que surgió del hardcore pero empezó a volverse más introspectivo.
Escuchado hoy, cuarenta años después, Candy Apple Grey suena como un momento muy preciso:
cuando el hardcore empezó a volverse melódico y emocional, al mismo tiempo que las grandes discográficas empezaron a mirar el underground para ver qué estaba pasando ahí abajo.