Había que estar en la piel de los Oasis en los albores del nuevo milenio. No solo existía la realidad de un inevitable recambio generacional de la mano del rock “retrofachero” (The Strokes, Franz Ferdinand, etc.) y el post-britpop de Coldplay y Keane, sino que, mirando hacia adentro, a nadie se le caía una idea ni por error. La conquista mundial perpetrada a mediados de los noventa con el binomio imbatible conformado por Definitely Maybe (1994) y (What’s the Story) Morning Glory? (1995) había dejado a los hermanos Gallagher tan multimillonarios como desorientados de cara al desafío de la supervivencia y la revalidación de los laureles. Así, entre giras paquidérmicas, excesos de todo tipo y la incertidumbre de cara al futuro, se caía de maduro que para Be Here Now (1997) los de Manchester apostarían por la exageración, en función de disimular una falta de rumbo que se volvería aún más evidente en Standing on the Shoulder of Giants (2000), cuya factura se cobró la deserción de dos miembros históricos: el guitarrista Bonehead y el bajista Guigsy.
Ya metidos hasta el cuello en su edad madura, y mientras veían cómo incluso hasta sus rivales de Blur ignoraban hacia dónde disparar, los Oasis vislumbraron una salida al dilema con la desfachatada elevación de hombros de quien cree no tener nada que explicar. ¿Por qué entonces quedarse en casa frotándose la barbilla si todavía se podía poner un Marshall en diez y salir a la cancha?
La secuencia de apertura de Heathen Chemistry, pues, ostentaría al grupo en el plan arrollador de siempre, pared de sonido y actitud arrogante de por medio. “The Hindu Times” se acomoda en el canon de Oasis como un certero golpe a la mandíbula, a la manera de los grandes éxitos, y sus latigazos orientaloides (que a cualquier argentino recordarían a Skay Beillinson) abren el álbum con una plena celebración del potencial apabullante del rock, que continúa en la despechada “Force of Nature” –edificada sobre la base de “Nightclubbing” de Iggy Pop– y se amplía en “Hung In A Bad Place”, escrita por el nuevo bajista, Gem Archer.
Sin embargo, luego de este comienzo tan prometedor como engañoso, a partir de la balada “Stop Your Crying Your Heart Out” las canciones parecen apegarse a un manual que hace escala por enésima vez en los Beatles y en la fórmula de estadios bien aprehendida por el Noel tras años de hacer cantar a las masas. Así, luego de la invitación al singalong multitudinario de “Little By Little” y de la referencia a “Tomorrow Never Knows” que sirve de sustento a “(Probably) All in the Mind”, el debut de Liam Gallagher como compositor encuentra amplios espacios para desarrollar su fijación por John Lennon, obsesiva en el caso de “Born on a Different Cloud” o teñida de una acústica ternura en “Songbird”. Tanto esta última como “She is Love” de Noel capturan a ambos hermanos recomponiendo sus vidas personales luego de sendos divorcios y dotan al álbum de simpáticos pasajes de un folk matutino que brillaba por su ausencia en trabajos previos, a tal punto que constituyen la única real novedad del álbum.
Aún notablemente desparejo, lo cierto es que Heathen Chemistry al menos saldría mejor parado que su antecesor en tanto presentaba a unos Oasis más fieles (quizás demasiado) a sus limitados estándares, armados con algunas buenas canciones atravesadas, empero, por la sensación de que ahí –a diferencia de la época de Be Here Now– no habría sobrado mucho material para elegir y laburar. La banda incluso pareció admitir la sequía con cierto humor al interponer TREINTA minutos de silencio entre “Better Man” y el hidden track “The Cage”, dejando a merced de la nada misma todo un caudal de espacio que unos años atrás había sido llenado con canciones que ahora, a la distancia, el grupo detestaba.
“Tengo 35 años —dijo Noel por ese entonces—, puedo usar sweaters gruesos y tener unos putos golden retrievers, y no me pueden decir nada porque oficialmente soy de mediana edad”. Dicho de otro modo, a los siempre bravucones hermanos Gallagher les había llegado la madurez, el momento de hacer lo que se les diera la gana sin grandes gestos explicativos. Lo que incluía un disco que, aun facturado a media máquina y en franca desventaja respecto de los días gloriosos, de buenas a primeras podía arrancarte un momento ameno. Después de todo, tal como había concluido la reseña original del New Musical Express, “en tiempos sombríos, Oasis ha recordado cómo darnos una alegría. ¿Para qué más están, sino, los grupos pop?”
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Discos relacionados:
Oasis – Don’t Believe the Truth (2005)
Liam Gallagher – As You Were (2017)
Beady Eye – Different Gear, Still Speeding (2011)